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sábado, 2 de febrero de 2013

Bah

Lo he intentado un millón de veces: sentarse, pensar y escribir algo en el blog. No parece, en principio, demasiado dificil ... y no lo es. He comenzado un millón de veces a escribir un millón de post, y un millón de veces los he borrado, letra por letra, con rabia y odio. Antes cuando escribía en papel era mucho más fácil descargar esa ira contenida. La liberación que uno siente rasgando, rompiendo, triturando y apuñalando hojas es sublime ... y a la vez que triste es disfrutar de algo tan frustante.

No son buenos tiempos para hacer alarde de un don que nunca he tenido, que siempre ha sido un espejismo liberador de mi imaginación. ¡Qué bonito era construir mundos diferentes de tinta! Y ya no están. Perdidos entre una niebla oscura, todos aquellos universos que podrían haber sido, se apagan entre apuntes, lectura técnicas e ideas de otros. Bah, total, ¿para que servían antes?¿De que me valían?

Se pueden rasgar hojas en blanco, o romper lápices sin necesidad de haber derramado en ellos mundos y almas diferentes ... Se puede vivir así, es menos colorido, es menos liberador, pero al fin y al cabo no es mi aire, ni mi sangre, ni mi comida ... si, se puede vivir así, tranquila y mansamente, a las ordenes de otros, sin luchar, sin levantarse, aunque la rebelión solo fuera un diario o una hoja suelta en una libreta.

¡Ay!, pensé; ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga "levantate y anda!"




martes, 12 de junio de 2012

Al sol albo...

A veces creo que jamás me amarán
que mis besos se marchitarán sobre mis labios
antes de entregárselos inmerecidamente 
a conquistadores de amantes campos

A veces creo que no se me puede amar
como si sobre mis colinas voluptuosas
reposara algún cruel castigo.

Os comprendo rosa, alecrín y cardo,
con vuestras lágrimas de rocío 
sobre vuestros pétalos inmaculados,
ofreciendo vuestra soledad
al sol distante y albo. 

sábado, 26 de mayo de 2012

Cázame


Te odio por como hablas. Cada día que pasa, cada nueva palabra que pronuncias me hacen perder la esperanza. Te odio por como hablas, te odio por como me tratas. Cada mirada tuya me hace perder la esperanza. Te odio.  Te odio como a mi servidor de internet cuando no carga, me hace perder la esperanza, como la bechamel cuando no se espesa, que me desesperanza.
Te odio por como hablas por que cuando miro tus ojos mientras me explicas algo sé, mirándote y odiándote, que jamás lograre apartarme lo suficiente, que jamás lograre olvidarte lo suficiente, que jamás dejaré de amarte cada día más, mientras me hablas,  y así con cada nueva palabra yo voy cayendo en un tomento dulce, como el de la ducha muy caliente, o el caminar descalza por la plaqueta.
Te odio por como me miras, por que no me miras. Tu sabes que estoy a tu lado, que estoy ahí, que hablo y me muevo y que te ríes conmigo, pero no me miras, no como yo te miro a ti. Y no te das cuenta de que te miro, por que es normal que te mire con mis ojos de gacela asustada, intentando ocultar en mi mirada el miedo a decirte: cázame, déjame ser cazada, quiero colgarme de tus colmillos, dejar que me apresen tus garras. 

sábado, 7 de abril de 2012

Isadora, la bruja.


Emyl M.
 Dicen que el amor salva, dicen, yo no creo que sea cierto. A mi y a Ana, la puta, nos perdió y arranco de una vida cálida y cómoda. Se preguntará usted si me arrepiento de haberle seguido a él. No, no me arrepiento, por que todo frio y desconsuelo se fue entre sus brazos, y todo rastro de divinidad allí mismo lo encontré. Ana si se arrepintió, y de algún modo, señor, se fue al otro mundo contenta, como esperando el cielo, pues infierno, ya había pasado bastante aquí.
Después de abrirle el hoyo, el segundo hoyo más perfecto de toda mi vida, me llamaron para ir a amortajar. La primera mortaja. Cuando llamaron a mi puerta no lo pude creer hasta que me explicaron que se trataba de Isadora, la bruja, hija de cura. Lo de hija de cura, solo lo se yo, me lo contó su padre mismo en confesión el día de su entierro. Isadora era vieja, y su padre más viejo aún, apenas podía levantar el brazo para bendecir, y apenas si podía ver el ataúd. Yo sé que en la soledad de la sacristía, entre el resto de curas lloro mucho, aunque se lo achacaron a una alergia. Era primavera, y había en el aire un polvo extraño que empañaba el ambiente y difuminaba las colinas. Isadora era bruja, como ya dije, hija de bruja, nieta de bruja, bisnieta de bruja, e hija de cura. Don Eladio, y le doy el nombre del pobre hombre por que me parece justo que alguien los recuerde después de mi, era un hombre bueno, sincero y amoroso, que cuando llego al pueblo quedó prendado en la primera eucaristía de una muchacha de pelo castaño y ojos verdes. Era Isadora madre, que por aquel entonces no habían desterrado aún de la iglesia. Isadora madre era bonita y bailaba bien, y los jóvenes se la rifaban en las fiestas para gozar de un pasodoble o un vals al vaivén de sus caderas, pero poco les importaba lo que decía. Y lo que decía, seguramente, era importante e interesante, porque Don Eladio no tardo en ver en ella algo más que una muchacha hermosa. Hay muchos peces en el mar, muchos peces hermosos, pero ya sabe usted que de vez en cuando se nos cruza alguno por delante al cual jamás podremos olvidar. Isadora madre era uno de esos peces, y el pobre Don Eladio no quería dejarla escapar, y no por que ardiera en deseos carnales, ojolá fuera eso, sino por que hablando con ella su alma encontraba consuelo. Claro que el abrazo de la fe consuela, pero la fe no es cálida, ni entiende de las penas de los hombres, complace como un hogar cálido, y como buen hogar que es no se la debe dejar marchitar nunca, para que no hiele nuestra humanidad, y da igual que fe sea o en que se tenga fe. Pero la fe no tiene oídos, ni es espejo de nuestros sentimientos, solo está ahí para aferrarnos a ella y no sentirnos tambaleantes, pero la fe no hace que no nos sintamos solos. O al menos eso creo yo, y al menos eso debió de creer Don Eladio.
Isadora madre aprendió las artes de sus ancestras, artes paganas que habían logrado conciliar con las creencias cristianas tras muchos siglos, pero aún así paganas. Y entre todas las artes no estaban solo la quiromancia, la cartomancia, o el espiritismo, sino también el saber sobre las plantas y las enfermedades, sobre los músculos y los huesos, sobre los partos. Pero al final la desterró de sus oficios un medico joven y sabelotodo recién llegado al pueblo. Las gentes ignorantes, que no sabían por que lado tirar vieron más cómodo condenar las artes de Isadora a las del médico, siendo cada una buenas y malas al mismo tiempo, y como ya no podía Isadora madre entrar en la iglesia sin escuchar insultos e improperios o sin que la gente la mirara como esperando a que el agua bendita la quemase o que su cuerpo se disolviese espontáneamente la comungar, dejo de ir por la iglesia, pero Don Eladio, que la quería y que disfrutaba de su conversación le llevaba en secreto la ostia consagrada. La confesaba, y la confesaba tan íntimamente que de penitencia la pobre tuvo que críar sola a la Isadora bruja que yo amortajé.
Me fueron a buscar de noche, y me llevaron casi a rastras, yo no quería amortajar a nadie, me daba reparos, como a todos, y sobretodo si se trataba de Isadora, con la que solo había cruzado dos palabras en toda mi vida, y que habían sido además las palabras más aterradoras que nadie me había dicho. Profetizaban mi futuro y yo no le hice caso. En fin, sabe, lo hecho, hecho está. Cuando entre en el cuarto, aún reticente, y vi a la muerta lo primero que se me ocurrió fue echarlos a todos de allí, pues se había congredado toda una comunidad de beatos hipócritas que en vez de querer ayudar, quería solo ver para tener que decir y contar a los nietos. Y una vez que estuve sola, y habiendo ya perdido el respecto a estas cosas ( respeto que como puede ver me duro lo que tarde en entrar por la puerta, atravesar el pasillo y entrar en el cuarto) hice lo que cualquier persona en mi lugar habría hecho. Verá, decían que los sanadores y brujas como Isadora tenían en el cielo de la boca una cruz de Caravaca grabada. Supongo que no necesito contarle más acerca de lo que hice: abrir la boca, meter el dedo y tocar. No había nada, era una boca normal, lisa, como la de todo el mundo. Una vez satisfecha mi curiosidad, hice lo que tenia que hacer, primero pedirle perdón a la muerta, y luego terminar el trabajo. Y una vez terminado el trabajo me preguntaron si podía abrir un hoyo, a lo que conteste que si, no sin sorprenderme cuando me dijeron que lo habría en ese acre de tierra maloliente a donde ya habían ido a para Ana y él y donde más tarde acabaría Guzmán. Le hicieron una misa, si, pero no le dieron un trozo de tierra sagrada para pasar la eternidad, pro que claro, era una bruja impía que hacía malas artes, entre ellas atender partos complicados en los que ni el médico habría logrado salvarse a si mismo. Allí fue, en el cementerio, donde Don Eladio me contó la historia. Que triste, que triste historia, apartado de su amor y su hija, y viendo como todo el mundo les escupía por temor. ¡oh! Si se temieran a si mismos y no a los demás. 

domingo, 5 de febrero de 2012

Todo vaise.

Xa sei que nunca fun moi boa como blogger ( comas, tildes e escritura coidada … non lles atendo moito a verdade) e tamén sei que como poeta non vallo nin dous reás. Pero o bo do nosa oferta literaria, é que se admite de todo. Asíque aquí van uns versos, dese malos, escritos entre grolo e grolo de café na biblioteca. Por que hai xente á que só podemos aloumiñar con versos.

Eu querería sentir de novo
O meu corazón adormecendo
No teu colo.

Eu querería ter perenne
A calidez dos teus bicos
Sobre a miña fronte.

Sentir que as candeas deo meu camiñoo
Son o rego da túa voz
Dandolle sentido.

Pitiño, pitiño, meu pitiño,
Volver oir polo baixiño
Entre lósstregos e sorrisos,
Querería.

E querería coserte no meu peito
Atarte na miña memoria
Grabarte na miña mente,
Reterte,
Xear os fuxidios recordos
Só terte.

Pero vaise, vaste
Todo vaise,
O teu perfume co teu colo,
Os teus bicos coa túa voz,
As túas máns,
Os teus ollos …  

martes, 31 de enero de 2012

Ti







Alento,
figura,
tebras,
lua,
nome,
de home,
beizos,
bico.




Bico,
Alento,
vida,
Abril,
Limoeiros.
Decembro,
Triste,
Negro,
Pantasmagórico,
Neve,
Sorriso.

Sorriso,
beizos,
bico,
un home,
un nome,
TI.

Ti ...

jueves, 19 de enero de 2012

Iridiana: La tierra de los trigales ( 20 y sucesivos)

Queridos, queridas, a pesar de que la audiencia del blog subió cual cohete durante la publicación de los post que llevaban por titulo "Iridiana: la tierra de los trigales", acabo de tomar la irrebocable decisión de no volver a publicar nada referente a dicho relato. Lo se, los que me seguían en el anterior blog se quedaron también a medias con otro de los relatos. No os preocupeis, solo es un silencio público, que no privado.

domingo, 8 de enero de 2012

A ti, mi primera lectora.

A mi primera lectora, la que llenó la casa con folios impresos con mis post, con mis relatos, con mis sueños, con mis fotos. A mi primera lectora, la que me reñía cálidamente por no haber buscado ya una editorial o por haber dejado de escribir sin razón. A mi primera lectora, la que me gravaba cuentos en casetes para que yo los escuchara antes de dormir si ella no estaba en casa. A ella, a mi más querida admidora no he podido escribirle aún como se merece. Hacía falta quizás estar lejos, lejos de sus huellas invisibles sobre la plaqueta de la casa, lejos del perfume de su ropa, de sus cosas abandonadas aquí y allá. Hacía falta estar lejos y que ella se fuera para poder decirle que yo si que la admiraba, que yo si que era su fan numero uno y que ella si se merecía una riña por haber dejado de escribir. Porque ella, muy señores mios, era como yo, y escribía. No sé cuando dejo de hacerlo, siempre quise preguntarle y obligarla a volver a hacerlo, pero hay cosas que si se dejan son difíciles de retomar.
Yo he dejado este post mil veces, y lo he retomado otras tantas, por que si algo soy ( y tu lo sabías bien) es cabezota. ¿lo publicare? No lo sé, y lo peor de todo es que tu nunca lo sabrás. No sabrás nunca lo sola que me has dejado, ni lo difícil que me resulta seguir con todo lo que teníamos planeado. No sabrás si tendras nietos de ojos azules, y no sabrás si algún día lejano te dedico un libro. No sabrás como terminan muchos relatos, pero lo peor de todo es que no sabrás como termina el que tu misma comenzaste.
A mi lectora más cercana, a mi correctora y crítica, a mi mejor amiga, a la voz de mi conciencia, a las manos cálidas que me acunaron, ahora soy yo la que os riño, quizás vanamente, os riñe por que os fuisteis sin avisar, sin dejar una nota, o un beso. Os riño por haberme dejado solamente lágrimas.

No rías, no ames, no vivas


No hables nunca, no rías nunca ni nunca tengas esperanza en nada. A cada paso que des quebrarán tus ilusiones, tus ansias, robaran tus sueños y harán trizas cada maña los deseos que habrán crecido a la sombra de Morfeo.
A partir de ahora no creas en nada, ni en ti, ni en él, ni en ellos. Camina como un autómata entre las nieblas de tu vida, y no te aferres a nada, por que lo arrancaran de tus brazos. Y cuando hayan sembrado en ti la semilla del amor, una mano invisible y fría arrancará lo nacido en tu corazón llevándose entre las raíces una parte de el.
Así llegarás, sola y vacía, sin haber marcado la tierra, sin haber respirado su vida, arañada por las manos de los que no dejaban de pedirte cosas en el camino, magullada por todos aquellos han querido llevarse parte de ti y lo han hecho. Nadie te agradecerá nunca nada, nadie será capaz de ver en ti el hogar perfecto, la lumbre de la ternura irradiando luz en pecho. Jamás. Te creerán un vaso vacio, un pájaro libre al que no le importa nada, solo el viento cambiante. No verán en tus ojos de águila la nostalgia de la casa materna, ni en tus alas el anhelo de una jaula de pasión, amor y consuelo.
Así llegarás, sola y vacía, sin haber marcado la tierra, sin haber respirado su vida, por que a ellos no les dijeron como ver entre lo excelso, el resplandor de lo tierno. No lo verán en ti, ni lo verán ellos, han olvidado todo lo bueno, absurdos vagabundos en busca de pasiones con las que matar su tiempo, sin darse cuenta de que ellos mismos son sus dueños, de que no tienen que pedir por que les regalan, de que no tienen que robar por que les dan. Tu eres como ellos.
No hables nunca, no rías nunca, nunca tengas esperanzas ni sueños. Te los arrebataran en un suspiro, más rápido y profundo que una ráfaga de viento, y nada se enrededara en tu pelo, ninguna mano amorosa dormirá en tu pecho. Sola y vacía, como ellos. Vagabundos ciegos.

sábado, 7 de enero de 2012

Dixome un paxariño ...

... e o neno comeza a tremer. O neno e o non tan neno, pois haivos paxaros moi traizoerios que nos cantan ó oído para facernos desconfiar. Como sereas da antiga grecia camelan os nosos soños e fannos ver entre neboas e teas cousas que non foron, son e que quizáis nunca serán.
Eu non sei que din ou dirán, en que idioma falaran. Eu non sei se as Andoriñas e os Corvos se entenden, que máis da! Todos teñen ás, coma os anxos, os demos, as ánimas exipcias e as bolboretas ... son todos quizáis do mesmo mundo ...
... dixome un paxariño ...

sábado, 10 de diciembre de 2011

Bolboreta



Se te tivera que describir, bolboreta dos meus soños, bastaría o brillo dos meus ollos para dar unha imaxe de ti. Se te tivera que describir, bolboreta dos meus amores, só diría que a miña vida enteira foi directa cara ti. E tristemente, por máis que eu fogar che dea sei que voarás sempre lonxe de min. E tristemente, por máis que eu cerque o meu xardín, sei que sempre teréi unha rosa para ti.
Se tivera que non amarte, miña bolboreta de marfil, non sei que me faría falla para non soñarte no meu xardín. Se tivera que non amarte, nin sequera pensarte noutras eiras froridas podería arredarte de min. Miña bolboreta de marfil, que coas súas ás baixo a alborada, sen pronunciar unha soa palabra me di: durme, estou xunto a ti.
bolboreta de marfil, ás dos meus soños, fuches crisalida en min. Se tivera que esquecerte, habían de arricarte de min, se tivera que esquecerte, non sei se sabería vivir. Bolboreta dos meus amores, escorregando entre os petalos do luscofusco, doce esperanza arredate de min máis non me pidas que esqueza o que contigo aprendin. Crecín, medrei, fun outra xunto a ti, entre as flores do meu xardin.
Bolboreta libre de marfil, que corre polo mundo, non sei se pensando en min, sempre teréi unha rosa para ti. Entre as neboas de xaneiro, entre as miñas sabas en abril, as túas ás baixo a alborada son o meu soño máis febril. Quero que volvas e volves, sen pedir, sen esixir. Se eu puidera miña bolboreta, voar coma ti, poderíamos vivir xuntas baixo o sol de maio un día sen fin.
Miña bolboreta preciada, arredate de min, aínda que me falte o alento cando o esquezo veña por ti. Raiña dos meus soños, obrigame a vivir sen pensar en ti ...
[Emilia Maseda]

jueves, 1 de diciembre de 2011

Online

Vivo pendiente de mi bandeja de entrada. Pendiente de un código binario, de una pantalla, de un sonido, de un chispazo. Vivo pendiente de tus manos sobre el teclado, de tus sonrisillas amarillas, de tus caritas de diablo. Colgados de kilómetros de fibra óptica, soñando que saltamos el abismo del universo, que estamos uno al lado del otro, muy cerca, sintiendo sobre nuestra piel la calidez, no de nuestras manos, sino de nuestros portátiles.
Lo siento. No es vida. No nos lo merecemos. Somos mejor que eso, somos mejor que un sueño en la distancia, que una estrella inalcanzable en el firmamento. Yo no quiero su distante compañía, brillando a lo lejos en las noches frías. Somos mejor que eso, merecemos algo mejor que eso. Algo mejor que una cita en el tiempo, que el hacer el amor con los cascos de un ordenador. Somos mejor que eso.
Y sin embargo, nuestras almas de gatos no nos dejaran nunca recortar kilómetros. Tu nunca vendrás a mis llamadas, yo nunca buscaré tu consuelo. Esperare sentada, quizás a oscuras, entre la neblina azulada que sale de la pantalla, y en algún momento, entre lágrima y lágrima llegara el aviso: estas online. Quebrar la pantalla, vernos las caras, ambos sabemos que no lo haremos, demasiado cobardes, demasiado sinceros. ¿Nos gusta lo que tenemos?
Si, online. Pendientes de un fino hilo. Caeremos juntos al vacio … del olvido. Serás nada cuando el llame a mi puerta, cuando me haga comprender con sus labios que no eres más que un fantasma del ciberespacio. Seré nada cuando ella aparezca y te diga, a golpe de caricias y abrazos, que solo soy una pantalla, un eco de una voz muy lejos en la distancia. Y sin embargo, sin ser reales nos dolerá como si lo hubiéramos vivido, como si de verdad nos hubieran arrancado una parte de nuestra alma, una parte milenaria que buscábamos desde el comienzo de los tiempos.
… Y seguiré desenado por siempre un beso tuyo, seguirán mis labios ardiendo al pronunciar tu nombre, toda mi piel seguirá alterándose, como si me hubieras tocado, como si yo te hubiera amado seguirá mi corazón sangrando, hasta que nos crucemos un día y, quizás no nos reconozcamos. ¿Qué me has echo?¿qué nos ha pasado?
Te dejo. Estas online.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Arde Demo

Polas túas ideas endiañadas
perdín os beizos nas palabras do inferno
e preto de cada alborada
sinto agora como me arde o peito.

Bolboretas febrís e encarnadas
surcan os meus ceos
e moi adentro, moi adentro,
no mesmo lume do meu peito,
fica o teu rosto de demo.

Árdeme o peito co lume do inferno,
mórrenme as palabras no desespero,
só un bico das tebras me salvaría,
so un bico e caeriamos ambos ...
no ceo.

lunes, 31 de octubre de 2011

Irdiana, la tierra de los trigales 8

CAPITULO 8: El espejo

- Iridiana. ¡Estas llorando! – dijo Mariom
- Vete Mariom. Vete, te lo suplico, vete. Tienes que irte ahora mismo, vete.
Mariom no dudó, hizó lo que toda la vida había hecho, obederla. Cogió apresudara su bolso y ya en la lejanía grito:
- ¡Chico sin nombre! Mantenme informada.
Felix estaba más desconcertado que de costumbre. Mariom se iba sin despedirse prácticamente, e Iridiana, la que le habían descrito como una mujer de hielo estaba llorando, si bien es cierto que cualquier persona en sus cabales lloraría al recibir un ataúd por correo, sobretodo si llevaba escrito el nombre de algún familiar o conocido, como Felix sospechaba que era el caso. El había observado perfectamente que el ataúd no había sido usado, o no al menos en un contexto funerario, pero allí delante de la sombra alargada, con el viento susurrando entre las hojas doradas e Iridiana, la señora del mármol, llorando, no se le ocurrió otra cosa que pensar que alguién en verdad le había enviado a su jefa un cadáver, hipótesis que casaba también con su idea de que Iridiana tenía algo que ver con “ellos”, la mafia.
Hay muchas razones para que un ataúd este vacío, pero muchas más para que esté lleno. Una vez superado el inicial bloqueo, Iridiana consiguió desembarazarse de los férreos brazos de Felix y abrió los pestillos. Un suspiro largo se confundió con una ráfaga de viento y sus manos, al unísono abrieron la tapa de golpe.
- ¡Ah! – grito Felix
Alli estaba, su vieja sonrisa, una sonrisa de 50 años, y sus manos antaño finas, y sus pies pequeñitos, y el rosario de su abuela enredado entre las falanges desechas. Olía menta, incluso Felix podía percibirlo.
- Que diablos … (?)
Pero Iridiana siguió sin contestar, mirándose en el espejo de la muerte que le habían enviado. Era ella, no había duda, allí estaban sus colmillos redondeados, sus pomulos. No quedaba señal alguna de su feminidad, excepto por el ancho de la pelvis marcada através de la ropa. Por un momento creyó enloquecer. No era posible, no era en absoluto posible todo lo que había vivido, o no vivido, ¿qué persona cuerda podría creerlo? Estaba ante su cadáver. Inés Martel, muerta dos veces, pero aun sobre la faz de la tierra.
- Mire. Hay un librito.
- Cogelo.
- ¿Yo?
- Que lo cojas – dijo sin apartar la vista de su sonrisa cadavérica.
- Hay más cosas – sintió como se escurrían entre los pliegues del vestido y el satén de revestimiento de la caja.
- Pues cógelas.
Iridiana seguía fascinada, aunque esa no era la palabra idónea. Se preguntaba como podía conservarse también después de 50 años. En un entorno como aquel los huesos deberían haber desaparecido prácticamente por efecto de los ácidos. “Dejemos esto a los expertos”, pensó.
- ¿Qué vamos a hacer con esto? ¿quiero decir, con él? Osea … ya me entiende, en fin, no quiero ser desagradable pero se va a hacer de noche, y en fin …
- ¿Que quieres que hagamos? En el sótano hay dos palas. La enterraremos en el jardín dorado, pero no hoy, ni mañana, ni pasado. La llevaremos primero al sótano, luego haré un par de llamadas, y después cenaremos.
Las lágrimas se habían detenido. Iridiana parecía radiante.
- Vamos. – dijo cerrando la tapa y tomando el ataúd por un lado
Felix sin embargo parecía moverse con dificultad, le faltaban las fuerzas de repente.

Irdiana, la tierra de los trigales 6 y 7

CAPITULO 6 : EL JARDIN DORADO
CAPITULO 7 : INES MARTEL


La ultima tarde Marion en la casa, casi mansión, de Iridiana, la pasaron en el jardín dorado. No sin razón Iridiana le había puesto dicho nombre, pues en otoño la luz baja del sol se tamizaba por entre las ojas amarillentas y rojizas y transportaba a aquel que lo contemplaba a un mundo en el que todas las maravillas de las hadas y los elfos eran posibles. Mariom incluso iba vestida para la ocasión de amarillo tostado y es que no todos los días Iridiana estaba de tan buen humor ni todos los días servía ella a sus sirvientes. Obligo tanto a Felix como a Mariom a sentarse mientras preparaba una mesa de los mas fina, con tazas tan elegantes que daba miedo usar.
- Tu nombre es demasiado alegre. No me gusta.

- ¿También te cambio el nombre a ti Mariom? – dijo con sorna.


- No, a mi no. A mi me bautizó.

Felix la miró sorprendido, Iridiana parecía al menos 10 años más joven que Mariom. Había algo que no le encajaba.

- Si, fue mi madrina.

- ¿Qué dices Mariom?¿Tiene cara de tener nombre de gato?

- Miau – contesto el chico con sonrisa pícara e Iridiana dejo escapar una minicarcajada.

- Para nada Iridiana.

- Entonces lo llamaremos … lo llamaremos …. – decía sosteniendo la tetera e impacientando a Mariom. – ¡ya se!
En ese instante dos hombres vestidos de azul entraron al jardín trasero, y sin llegar a entrar al jardín dorado dejaron un paquete de considerables dimensiones. Iridiana recibía a menudo paquetes y los mensajeros sabían ya perfectamente como habían de entregárselos, asique no mediaron palabra, solo la miraron y asintieron como diciendo: es ella. El mensajero dejó, con ayuda de su compañero, el paquete en el suelo. Era siniestramente alargado y rectangular, más estrecho en una punta que en la otra.
El rosto, antes serenos y alegre de Iridiana se tornó sombrío al acercarse. Felix miraba expectante detrás de ella, quién comenzó a rasgar el papel de manera frenética, y enfermiza, con los ojos desorbitados y las pulsaciones a mil. Mariom se acercó cuando Iridiana, habiendo termiado su tarea, cayó de rodillas al suelo delante de aquella gran caja de madera. Le bastó ver sus ojos llenos de lágrimas para saber que algo no iba bien. Nunca, nunca en su vida había visto llorar a aquella mujer. Felix tragó saliva ante la visión de aquella caja y temió tanto que Iridiana la abriera que se arrodillo a su lado y la abrazo para inmovilazarle los brazos, fue entonces cuando se fijó. Sobre la tapa del ataúd había un nombre escrito: Inés Martel.
El nombre le sonaba, así la había llamado Cristobal: Inés. ¿Sería Ines un familiar suyo?¿Porque habrían de mandarle un ataúd con un familiar suyo dentro? Si bien es cierto que aunque el ataúd parecía tener unos cuantos años, y que sus formas eran más que arcaicas, parecía que este jamás había servido a nadie, y que lo habían usado más bien como arcón, como atestiguaban las cerraduras y las manillas laterales añadidas a posteriori.



***7***
Si hubiera podido se le habría helado la sangre, se le habría cortado la respiración y habría gritado, pataleado, o se habría desmayado. Lo máximo que consiguió fue llorar, o más bien que corrieran lágrimas por sus mejillas. Por un instante solo, viendo el nombre de Inés Martel sobre la tapa del ataúd, fue humana. Podía permanecer impasible ante muchas cosas, su cuerpo y su mente no se comunicaban en absoluto, y eso la frustraba, aunque en algunas ocasiones no le había venido mal tal don. Aquella fue la primera vez en años en que lograba que cuerpo y alma fueran una, lo cual no dejó de resultarle extraño, en tanto que el cuerpo que reaccionaba no era el suyo. Hacía 50 años que su cuerpo se había corrompido, y daba gracias al cielo de no haber estado presente en esos momentos.
Hacía cincuenta años, un día, de camino al supermercado, un día normal y cualquiera, de finales otoño o principios de invierno, un poco frio pero no tanto como para tiritar o quejarse del firmamento encontró sin querer a alguien que le cambiaria la vida, o mejor dicho, la muerte. Siguió a Cristóbal a su casa, y allí encontró su final. Contrariamente a lo que todos pudieran pensar, no le dolía, es más, incluso había sido una sensación agradable sentir como la vida fluía poco a poco y se deslizaba por todo su cuerpo abandonándola y aligerándola al mismo tiempo. Pos un instante, mientras los sentidos se le escapaban, había notado como ella misma se fundía en una especie de nube cálida y aterciopelada. Y lo más increíble es que soñó con un mar de trigo dorado y tres lunas sobre el, y con susurros que corrían sobre las espigas. Entre el trigo estaban ellos, sonriéndole. Sintió por un instante que estaba en casa, en el lugar que siempre había esperado y deseado, y no sentía nada, nada humano, nada descriptible con nuestras palabras, por que ella ya no era nuestra, era de ellos.
Entonces, despertó en aquel angosto lugar de satén blanco, llena de un dolor inmenso, llena de un frío pétreo y aterrador, como salido del más hondo abismo. Sentía como si le doliera el corazón, como si una mano invisible revolviera todas sus entrañas, pero a pesar de que lo sentía, no tardó en darse cuenta de que sus pulmones no se llenaban de aire, de que su corazón no latía. Ellos la miraban, y le preguntaron: ¿quieres quedarte? Y ella, aterrada, sin saber donde estaba o que había pasado, dijo que si, pues al menos, a pesar de no sentirlos, sabía que los brazos de Cristobal la rodeaban.
Cuando ellos desaparecieron pudo fijarse con más calma, en sus zapatos nuevos, en el rosario envuelto en su mano, y en el escapulario colgado de su cuello. Sara y Matilde, dos compañeras de la facultad la miraba sorprendidas y una decía a la otra:
- ¡Estás loca, estás loca, diablos, estas loca! – Pero Iridiana no podía recordar quien de las dos era.
A su alrededor había velas, muchas velas, más de las necesarias, y en los ojos de Cristobal solo había alegría y miedo.
- ¿Qué me habéis hecho? – siguió preguntando a pesar de que ellos ya se habían marchado - ¿Qué me habéis hecho?
- Te hemos traído de vuelta. – respondió Cristóbal, quién la sacó del ataúd y la llevó a su casa con ayuda de Matilde y Sara.
Era la víspera de Todos los Santos pero la única sonrisa de calabaza que la aterró fue la de Cristobal al depositarla sobre la cama. La había traído de vuelta y se estaba arrepintiendo de ello.
Durante los dos días siguientes Cristobal no apareció por el piso. Tenía tanto miedo como ella. Inés, pues por aquel entonces aún era Inés Martel, la hija del panadero, se sentó en el sofá durante aquellas interminables 48 horas a contemplar su piel, su carne muerta, su pelo sin brillo y sus ojos inusitadamente vivos. Los ojos son el espejo del ama, lo supo en el mismo instante en que se miró al espejo. No comprendía nada, se movía, se veía, escuchaba pero no tenía hambre, ni necesidad beber. Allí mirándose, lo único que fue capaz de percibir fue el aroma del jabón de menta saliendo del armario. La menta. Al olerla se preguntó que pasaría a continuación con aquel cuerpo muerto, por cuanto tiempo podría sostenerlo, cuánto tiempo tardaría en sucumbir a su ciclo natural. Se pregunto si la menta incubriría su propio olor de ultratumba, la cera de vela y los aceites. Al menos la habían maquillado bien, se dijo ante el espejo, incluso le habían quitado unos cuantos años de encima hasta darle un rostro de niña. ¿Cuánto tiempo ocultaría el maquillaje el hundimiento de las cuencas oculares o la sangre negruzca parada en los capilares? ¿Tendría que robar un cuerpo vivo? ¿cómo? ¿y Cristobal, no regresaba por que sabía lo que le esperaba?

sábado, 29 de octubre de 2011

Irdiana, la tierra de los trigales 5


CAPITULO 5: LápidaEra una espléndida tarde de otoño, dorada e intensa pero los tres, en vez de disfrutar las últimas caricias del verano, miraban el mármol blanco de un columbarium.
Cristobal Matias
D.E.P


La sobriedad de la inscripción dejaba entrever la relativa felicidad de la familia. Las flores ya se habían marchitado, pero en vez de haberse dorado y avivado hasta su último aliento, como las hojas de los árboles otoñales, se habían convertido en una masa informe de dinero perdido.
Mariom la vigilava sutilmente y Felix guarda silencio con cara de resignación. En cuanto tuviera oportunidad se iría de aquella casa, pensaba continuamente, y después observaba a Mariom, e a Iridiana, y el misterio que las envolvía lo comenzaba a envolver a él también.
Estaba totalmente seguro de que Mariom se lo abría propuesto a el por que estaba solo y sin dinero en el bolsillo. De todos modos no se podía negar que la oferta era suculenta: casa, comida y sueldo. La pregunta era ¿En qué consistía su trabajo? De momento tendría que ser la sombra de aquellas dos para poder salir corriendo a la mínima de cambio.

Yo quería que dios me escuchara,- dijo mirando al muchado- al menos que el lo hiciera, por que tenía la sensación de que nadie más lo hacía. Pero nunca se puede estar de seguro de que los de arriba te escuchen, por que aunque sean ultrapoderosos, están lejos, y nuestras voces humanas no pueden llegar a sus oídos. Aquellos señores vestidos de negro que recitaban cosas en los altares de las iglesias me decían que la fe era el mejor megáfono. Pero yo no tenía fe en nada ni en nadie. Yo quería que Afrodita se apiadase de mi y me indicara el camino que debía seguir para encontrar la mitad de mi alma, pues en los últimos tiempos sentía que un agujero oscuro se había llevado parte de ella. Yo quería que Zeus se transformara en mosquito, pájaro, lluvia de oro, nube, incienso o lo que fuera y que me hiciera sentir, como a Leda, la voluptuosidad de su compañía. Yo quería, en definitiva, que una luz pequeña iluminase mi vida. Y no es que fuera mi vida un drama oscuro o estuviera plagada de tormentas de verano, mi vida era normal, lineal y tranquila, y por veces mi vida misma hacía que no me sintiera viva. Pero en vez de eso me dieron la oscuridad, quizás como merecido premio por haberme quejado durante toda la vida. Pero, yo, la insignificante mujerzuela, quería en verdad ser más especial que los otros, más humana que los otros, y en vez de eso no tuve nada. Cuando me desperté no podía oler ni siquiera la cera que se consumía a mi alrededor, ni sentir el calor de la piel de Cristobal, oía pero no con mis oídos, y veía pero no con mis ojos. Ellos estaban allí, frente a mi, invisibles a los ojos de los hombres, acechando, y yo les preguntaba una y otra vez que me estaban haciendo, por que me arrancaban tan cruelmente del seno mismo del universo. Y ellos solo dijeron: nos lo han pedido, ahora debes decidir tú. No me advirtieron de lo que pasaría después. Vi sus ojos de preocupado, llenos de amor y ternura, mi corazón jamás se había inflamado así de amor, y jamás podría experimentarlo, pero pude sentir la calidez de su alma llamándome a gritos y pensé que quizás merecería la pena aprovechar aquella oportunidad a su lado. Eso fue lo que pasó, y ahora estoy aquí, sin rumbo, sin tarea, con mi deuda saldada y sin haber regresado a casa.
Felix no entendió nada. Ni la más mínima palabra. Había un “ellos”, un “cera”, un “oportunidad”, un “pense”, “quizás”, “amor”. Escapaba a su raciocinio. Iridiana lo sabía perfectamente, y no quiso contar más por eso. Hay cosas que no se deben contar, por que prácticamente son imposibles de verbalizar y menos posibles aun de entender. Cómo se podría entender el vivir sin vivir, el ver sin ver o el oír sin oír. Sonaba ridículo explicar que ella estaba allí por un erro del universo sumado a dos amigos locos y una respuesta errónea. Acabarían encerrándola por loca.
- ¿Conociste alguna vez a su hija?
- Si, Carlota. Tiene dos años más que tu.
Los tres seguían mirando la blancura de la lápida.
- ¿Es bonita?
- Como su madre.
- Entonces es bonita. ¿ inteligente?
- Como su madre.
- Pobrecita.
A Félix casi se le escapa una carcajada. Tres casi mafiosos cotilleando ante una lápida.
- No fueron felices. – dijo encaminándose a la salida.- me alegro

Iridiana, la tierra de los trigales.


Advertencía: nos dialogos poden encontrarse algunhas palabras de non moi bo gusto.

CAPITULO 4: Cristobal Matias.
Habrían pasado solo un par de días cuando Iridiana le pidió a Felix que la acompañara a su cuarto para leer o ver alguna película vieja. Adoraba las películas sin color, y de echo tenía una pared entera llena de DVD’s con grandes clásicos entre los que sin embargo, no se desdeñaba el color. Fue aquella noche cuando el joven pasó a ser oficialmente el secretario o ayudante de Iridiana.
- ¡Señorita! – grito Mariom desde el corredor - ¡Señortia! – volvió a gritar mientras entraba apresurada en su cuarto.
- ¿Que? – contesto sobresaltada y casi aterrorizada, cosa que sorprendió bastante al joven.
- Han llamado … han llamado del hospital. ¡Del Hospital! ¿Entiende?
- Mariom, ¿de que hablas?
- El Doctor Cristobal Matias ha sido ingresado de urgencia, ¿no recuerda que le pagamos a las enfermeras para que nos informaran?
Si Iridiana hubiera podido palidecer, marearse o desmayarse lo hubiera echo sin lugar a dudas.
- Vestios, vestios inmediatamente. ¡Vamos, ya estáis tardando! – gitó histérica.
- Señorita ¿Qué pasa?
- Cristobal, eso pasa. – y no fue capaz de responder nada más.
Mariom y Felix la esperaron en el coche, ella que tanta prisa tenía era la que mas tardaba.
- Entrarás con ella. Serás su sombra a partir de ahora.
- Por que yo, ¿Mariom? Es joven, ¿Por qué necesita a alguien tanto? No es una niña, ¿por que tienen que vigilarla como tal? Ni siquiera sé que hago aquí – comento agarrado firmemente al volante, como temiendo que sus pies lo fueran a llevar a otra parte.
- Ya lo entenderás. Ya ha pasado demasiado tiempo sola.
- Es joven, tanto no puede ser.
50 años, pensó Mariom, más los 20 que tenía cuando la trajeron de vuelta. 70 años sola. 70 años es una edad considerable, y si sus cálculos no son acertados, tendrá muchos más algún día, quizás otros tantos. Quién sabe. Mariom la niña ya no estará para cuidarla, para recordarle lo que es ser humano, para recordarle lo que fue en su infancia, y tampoco estará Felix, el aventurero. No me ha preguntado nada, y tiene miedo, pero aun así no se va, sabe que hay algo raro y no se va, Felix el aventurero. Tenemos que buscarte un nombre, tus ojos son los mios hace 15 años, Mariom la niña. 15 años dándole mi vida y ahora me aparta de ella para cuidarme, como siempre lo ha hecho. Mariom la niña será madre. E Iridiana, a ella se lo han quitado todo.
- En Marcha – dijo la apresurada Iridiana subiendo rauda al coche.
***
Entraron a hurtadillas sobornando a alguna de las enfermeras, y Felix que estaba muerto de miedo, no era capaz de decirle que no a nada.
Al entrar en la habitación se dirigió a el por vez primera: quédate en esa esquina, no te muevas, no pestañees, si es posible respira lo necesario, y por nada del mundo me interrumpas, ni evites que haga algo, haga lo que haga.
- Ines ... – susurró el enfermo.
¿Ines pensó Felix?
- Vaya, con tanto tubo pareces un marciano. – contestó tajantemente la mujer
- Aun conservas tu sentido del humor macabro.
- El que tu me regalaste. – dijo dibujando una sonrisa siniestra
- Están quí, ellos, tu los conoces. ¿no me salvaré verdad?
- No, es la hora que ellos han elegido para ti. No haré nada en contra.
- Ines … - suplicaba.
- No. Eres afortunado, eres importante por eso vienen en persona. Vete, deja que te lleven, no luches, puede que tengas suerte y te dejen purgar tu alma. Tienes que pagar, tu alma por la mía, es sencillo.
- Si, es sencillo. Tu alma por la mía. Tu les perteneces a ellos, yo no.
- Que equivocado. Salda tu deuda cobarde, yo ya saldaré la mía. ¿no recuerdas como me dejaste desgraciado hijo de perra?
- Te seguí amando toda la vida.
- Mierda para ti y tu amor.
- Por favor, no dejes que me lleven, negocia con ellos, diles, diles que me dejen quedarme como te dejan quedarte a ti.
- Si me quisieras de verdad no te costaría tanto ir con ellos, me librarías por fin de esta puta condena. Tu alma por la mía, ese fue el trato.
- No, no, no – decía casí sin aliento.
- Si, ese fue el trato, cuando me clavaste la estaca en el pecho, ese fue el trato. Tu alma por la mía.
- Cuando despertaste no eras la misma
- ¿Puedes imaginar lo que es ver terror y asco en la cara del único hombre al que podrías haber amado en toda tu vida? Si de verdad me hubieras querido nada de esto habría pasado, ellos no estarían aquí y yo habría envejecido a tu lado. ¿has visto en sueños los trigales?
El hombre seguía llorando sin aliento
- No … me atrevería a decir que has mirado las tres lunas. Si, las tres lunas. Ojala ardas en una de ellas.
- A pesar de mis errores, ¿fue todo tan malo?
- El problema es que no solo me hiciste regresar, sino que rompiendo las promesas que les hiciste jamás pude irme, ¿lo pillas, cielito? Me desviaste de mi camino y no puedo volver atrás. Ellos mismos lloran esta condena y nisiquiera saben si llevándote con ellos yo seré libre. Quién sabe, igual me quedo aquí y me dedico a joderles la vida a tus hijos.
- Inés, miña Inés querida…
- ¿Inés? Inés está muerta, dos veces muerta, gran hijo de puta. Si los ves, saludalos de mi parte y diles que me perdonen por la pequeña maldad que voy a cometer.
- ¿Qué maldad?
Entonces Iridiana, con los ojos llenos de hielo, desconecto las maquinas que lo habían sostenido en vida y cuando sus pulmones se pararon y su corazón dejo de latír volvió a conectarlos y esperó a que los médicos entraran a certificar su defunción. Desde las sombras el chico contemplaba la escena horrorizado, temiendo que lo detuvieran por complice de asesinato, sin embargo los médicos entraron sin prestarle mucha antención y sin preguntarle nada a la mujer.
- Vamos – dijo Iridiana
- Si, señorita.
- Nada de hacer preguntas.
- Si, señorita.
- Y quita esa cara de fantasma, no nos hagas parecer culpables.
- ¿es que no tiene conciencia ni moral?
- ¿Yo?
- Mucha, pero prefiero no usarla para que no se me desgaste. Deberías hacer lo mismo cuando estés conmigo. Al menos pillas de que va esto, estuvo bien el que no me detuvieras.
- Si, genial – dijo enfadado – ahora soy cómplice de asesinato.
- Exagerado, solo le aceleré el viajecito.
- Asique se dedica a eso, ¿a acelerar viajecitos? – contesto acaloradamente mientras atravesaban el parking.
- Eh, no te pases.
- O me lo explica o me marcho.
- Aggg, haz lo que te salga de ahí. No voy a explicarte nada.
Felix estaba a punto de dar media vuelta e irse pero entonces vió a Mariom esperándolos tumbada sobre el capó del coche. La camiseta ajustada marcaba ya un poco la curva de su embarazo. No quería dejar a Mariom sola, inspiraba en el una ternura inusitada y mirándola parecía que nada de lo que Iridiana pudiera hacer fuera peligroso.

viernes, 28 de octubre de 2011

Irdiana, la tierra de los trigales 3


[coma sempre vai sen corrixir por culpa da miña impaciencia D: ]
CAPITULO 1
CAPITULO 2
CAPITULO 3: Felix

- Señorita – dijo entrando despacio en el gran salón – Aquí esta el chico nuevo, el que buqué para sustituirme.

- Vaya, ya iba siendo hora – contesto la mujer sin apartar la vista de su libro - ¿Sabés, hay demasiados escritores sin imaginación, pero esté, esté se lleva la palma?

- ¿Le digo que pase?

- Si claro. ¿Crees que aguantara?

- Confío en el, es un buen alumno. Se ha quedado sin familia, necesita a alguién que lo guie.

- Querida Mariom, ¿tanto confías en mi?

- Es un buen chico Iridiana, no lo trates mal ¿vale? Tienes corazón suficiente para no llevarlo por mal camino, aunque tu no lo creas.
Corazón. Era la palabra favorita de Mariom: corazón. Los humanos tienen corzón, un corazón que late y bombea vida a través de kilómetros de arterias. Un musculo que ama y sufre. Mariom si que tenía corazón, tierna, dulce, espontánea y luminosa, llena de la energía que a Iridiana le faltaba, con un corazón que bombeaba sangre por las dos.

- Mariom, quedate al menos una temporada con nostros. Dos semanas, no más. No te quiero por más tiempo cerca de mi, no es bueno para ti.

El muchacho entró desconfiado, le extrañaba mucho que una de sus profesoras le hubiera buscado, no solo un trabajo, sino también una casa.

- ¿Como te llamas? – Preguntó sin ni siquiera levantarse

- Felix.

- Toma asiento, Felix – y mirando a Mariom comentó- habrá que hacer algo con su nombre, ¿no crees? Necesitará algún disfraz, y no hay mejor disfraz que un nombre falso. Lo de Klar Ken, creedme, no es solo cosa de las gafas. Mariom, ¿nos haces un te?

- No me gusta el té, pero gracias señora. – contesto amablemente el chico, quien cohibido no dejaba de refregarse las manos.

- No tomas te … - murmuró.

- Lo tomaré si usted lo desea.

- Aaaaaag, no seas pelota. Toma lo que te venga en gana. Y no me llames señora. Señorita esta mejor, sino me siento vieja.
En verdad Iridiana no parecía vieja, a su espalda corrían ya algunos años, pero su cuerpo era aún joven y fuerte. Nadie sabia exactamente la edad que tenía, hablaba de un modo extraño y mantenía algunos modales que parecían realmente arcaicos, como la manía de que la llamaran señorita y la trataran de usted. No le importaba nada, y a veces el lenguaje de sus conversaciones se tornaba turbulento. Felix no tardó en quedar fascinado por aquella personalidad tan potente, tanto fue así que durante un par de minutos no fue capaz de reaccionar como una persona normal.

- Escúchame, y escúchame bien. No tengo ningún aprecio por mi vida, simplemente porque no es mía, me importa un bledo lo que me pase, y me importa un bledo lo que te pase a ti, asique mientras estés en esta casa, mientras comas, duermas o cagues aquí, ándate con ojo. El láudano puede caérseme en tu sopa, o un cuchillo de carnicero puede descuartizarte sin querer mientras duermes. ¿Entendido?

- Ehmmm, no- dijo sonrojado y temeroso

- Mas sencillo: si me disparan, acuchillan, tiran desde un puente, envenenan o descuartizan, yo no me haré responsable de lo que te pase a ti. ¿Queda claro? Si te digo que te quedes, te quedas, y si desobedeces te rescatarás tu solo, ¿queda claro?

- Si.- dijo frunciendo el ceño y diciendo para si “loca”. Mariom le había advertido de que disfrutaría asustándolo y de que aunque su vida era a veces un poco sobresaltada, la mayoría de las veces no pasaba nada en aquella gran casa.
Poco sabía Felix de todo lo que había pasado. De que había pertenecido a otro mundo, de que la habían robado de el, de que su cuna ya no era su cuna, ni su cuerpo su cuerpo, de que nada le pertenecía y de que ni siquiera su nombre era verdadero. Pero había tiempo, lo descubriría.

martes, 25 de octubre de 2011

A mata reis


Fostedes o mellor da humanidade na miña ausencia?



Eu direivos que non o fun, onte, mentras volvía á casa cando logo de saír do instituto arqueoloxico de Gotinga me dispuña a baixar Nikolausberger weg, aconteceu. Pasou unha das peores cousas que me podía pasar un luns pola maña e case recen aterrizada: matei unha mariquita sen querer. Estaba alí, vermella, pequena e indefensa, paseando a súa figura inocente pola estrada. Vin a súa dicindome “bos días” dende alí abaixo, e eu sorrín pensando “anda! Unha mariquita, que bo sinal”. Pero non sei como, nin por que, aínda non mo explico, quizáis foi unha confusión entre dimensións espacio temporaís ou que sei eu, no mesmo instante en que sorrín ó ver á mariquita o meu pe, descontrolado, indómito, fora de rendas caeu sobre ela. AS miñas orellas estremeceronse, non polo vento frío, senón polo son que chegou a eles: os seu órganos todos espacurrandose baixo a coiraza vermella.

- Merda! – pensei – isto é de malagoiro.

Agora vivo con medo …

NOTA:Xa sei que en galego non se di mariquita, que se di xoaniña ou rei. Eu digo, mal que me pese, sempre mariquita e non bos sei dar razón tampouco.

viernes, 20 de mayo de 2011

A irmandade do Étimo I

Cñomo perder o tempo nunha biblioteca? Facil, escribindo tonterias, aqui vos deixo unha, unha que máis que buscar calidade lieteraria o que buscaba era baixar a miña temperatura neuronal e afastarme un chisco da cultura sepulcral, que oes, por moi interesante que sexa, as veces deprime un chisco. Vivan as caries do neolitico !

- Hola, eu son Anin – dixo mirando ós presentes, sentados todos eles en circulo. – e son trilingüe.
- Hola Anin, contestaron todos ó unisono.
- Contanos a túa historia. – Dixo a muller de pelo vermello.
Pero Anin non se atreveu, sentou de novo na silla e perdeu os seus ollos no centro do circulo. Os presentes creron que retía bagoas, cando o que en realidade retía era carraxe.
- Hola, eu son Romil. Falo catro linguas de nacemento.
Os presentes revolucionaronse, nunca coñeran a alguén que falara catro linguas.
- Son fillo dun home das terras occidentais, onde falan tres linguas: a do mariñeiros, a dos constructores e dos labregos máis unha lingua común. Aprendinas dende pequeno, pero agora son a miña condea. Cando tiña 10 anos uns soldados do santo silabario escoitaron como pronunciaba algo na lingua occidental e meterona no cárcel por culpa dunha miserenta palabra de enoxo. Non puido resistir á humidade nin ó frío. E nunca máis a escoitei cantarme anainas occidentais. – O rapaz sentou de golpe mentras miraba discretamente a Anin. Ela mirabao apanpada, con ollos asustados.
Cando saían do edificio despois de escoitar aquelas aterradoras hisotrias de persoas que falaban máis dunha lingua, Romil achegouse á rapaza. Ela esperaba o autobús na veirarúa.
- Es nova. ¿Por que non me contas como chegaches aquí?
A rapaza non contestou, como se non o escoitara.
- Que linguas falas? – ela seguiu sen responder – polo pouco que abriches a boca ti falas A-nosa, e diría tamén que Occidental, pola forma en que pronuncia-los r, ¿é a terceira?
- Confundinme, non falo tres, falo dúas, como ti dixeches: A-nosa e o Occidental.
- Xa, tan certo como que te chamas Anin. Bonita combinación de letras, era a forma coa que os do norte dician Amor. – os musuculos da rapaza tensaronse, delatando certa incomodidade.
- Ahí meu deus! Fala-la lingua do norte?
- Shhhhhhhhh – contestou mirando cara os lados, temendo que alguén os escoitase. – perdete Romil.
- Falas nordico!!! – dixo cun lume intenso queimandolle os ollos.
- Que te perdas!!
- Si, dende logo tes xenio do norte. Fiaste de min?
- Non che acabo de dicir que te perdas?- dixo desafiante – deixame tranquila.
- Esta ben. Pero polo menos acepta algo en compensación por estes minutos tan asfixiantes para ti. – dixo collendoa da man. Os ollos dela abrironse como platos.
- Non o abras ata chegar á casa. Vemonos na próxima sesión.
Nada máis entrar na súa pequena casa abriu a nota que aquel rapaz lle dera. Tratábase dunha dirección escrita nun papel que levaba unha marca de auga. On puido distinguir o símbolo a primeira vista dado que xa era case de noite e non tiña luz. Acendeu pois unha candea e mirando a contraluz descubriu por fin de que se trataba o símbolo. Era unha letra K, que no lombo levaba unha C invertida. A plica da K alongábase ata que os estremos tiñan espacio suficiente para converterse nunha frecha. Cerrando cunha liña as dúas letras o que se optiña era o debuxo dun caliz e unha frecha, ou mellor dito, un tinteiro e unha pluma. A rapaza sentou sen alento. Polo reverso da nota leu:
Se queres conservar o que sabes, colle a pluma é ven ó tinteiro. Serás benvida á irmandade do Étimo.
Non eran unha lenda, contactábana.