Es
viernes, aunque llevo toda la semana con uno o dos días de adelanto en la
cabeza. Y se termina, se termina el año. Los que son estudiantes saben a lo que
me refiero, nuestro año termina con el último examen del curso, y comienza con
la primera clase del nuevo curso. Entre ambos queda el cálido vacio del verano,
a veces aprovechado para descansar, otras para trabajar, otras para devorar
libros, pero sea como sea disfrutando de minutos de sol.
El
único abrazo cálido y dulce con el que se puede contar cada mañana es el del
sol colándose por la ventana y aterrizando sobre las pestañas dormidas. MENTIRA!
Aquí a veces ni siquiera se puede contar con el en verano, aunque por muy
ausente que este uno siempre sabe que tras las nubes el gran ojo de fuego nos
acecha y que algún día correrá las cortinas de vapor de agua y nos mirará con
una sonrisa. Y por eso mismo, siempre nos queda esperanza. Y los que tienen
esperanza son envidiados, por algo comparte color ambos sentimientos.
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