Padres que mandan a estudiar a sus hijos para beneficio propio:
ESTREPSÍADES. No sé exactamente el nombre. Son «cavilopensadores
», gente bien.
FIDÍPIDES. Bah, unos hijos de perra. Ya sé yo: te refieres a esos
fantasmones, paliduchos y descalzos, entre los qu están el
desgraciado de Sócrates y Querefonte.
ESTREPSÍADES. Eh, eh, cállate. No digas niñerías. Si algo te
importan los garbanzos de tu padre, hazte de su grupo, por favor, y
manda los caballos a paseo.
FIDÍPIDES. Ni hablar, ¡por Dioniso!, ni aunque me dieras
los faisanes que cría Leógoras 15
ESTREPSÍADES. Anda, ve, te lo pido por favor, hijo de mi alma; ve a
que te enseñen.
FIDÍPIDES. ¿Y qué quieres que aprenda?
ESTREPSÍADES. Dicen que con ellos están los dos Argumentos, el
Mejor, sea como sea, y el Peor. De esos dos Argumentos, dicen que
el Peor gana los pleitos defendiendo las causas injustas. Así que, si
me aprendes ese Argumento injusto, de lo que ahora debo por tu
culpa, de todas esas deudas, no tendría que devolver ni un óbolo a
nadie.
FIDÍPIDES. No te puedo obedecer, que ni me atrevería a mirar a la
cara a los caballeros estando tan descolorido.
ESTREPSÍADES. ¡Por Deméter! Que conste que de lo mío no vas a
probar bocado, ni tú, ni el caballo del tiro, ni el marcado con la s. Te
echaré de casa, ¡a hacer puñetas!
Grandes soluciones para grandes dilemas
ESTREPSÍADES. Entonces, dímela con toda confianza, que yo, aquí
donde me ves, vengo al caviladero para ser discípulo.
DISCÍPULO. Te lo voy a decir, pero hay que considerar estas cosas
como misterios. Hace un momento preguntaba Sócrates a
Querefonte cuántas veces podría saltar una pulga la longitud de sus
pies, pues una mordió la ceja de Querefonte y luego saltó a la
cabeza de Sócrates.
ESTREPStADES. ¿Y cómo consiguió medirlo?
DISCÍPULO. De una forma muy astuta. Fundió cera; después cogió la
pulga y le sumergió los dos pies en la cera; cuando la pulga se
enfrió, se le habían formado unas zapatillas persas; se las quitó, y
medía con ellas la distancia.
ESTREPSÍADES. ¡Zeus soberano!, ¡qué finura de mente!
DISCÍPULO. ¿Pues qué dirías si te enteraras de este otro pensamiento
de Sócrates?
ESTREPSÍADES. ¿Cuál? Por favor, cuéntamelo.
DISCÍPULO. Le preguntaba Querefonte de Esfeto si, en su opinión,
los mosquitos cantan por la boca o por el culo.
ESTREPSÍADES. ¿Y qué dijo él sobre el mosquito?
DISCIPULO. Decía que el intestino del mosquito es estrecho, y que
por ser un conducto delgado el aire pasa por él con fuerza
directamente hasta el culo. Después, como el ano resulta ser un
espacio hueco junto a un conducto estrecho, hace ruido por la fuerza
del aire.
ESTREPSÍADES. Así que el ano de los mosquitos es una trompeta.
Yo ... ya me había olvidado de las risas que me habia echado yo en LAS NUBES de Aristófanes.
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