Antes de centrar el tema tengo algo que decir a los lectores habituales: si, el titulo es el correcto y no, no me he comido setas mágicas. Leis lo que leis y no es tan raro como pensais
Me paso media vida de estudios analizando imágenes de altos contenidos eróticos. Ciertamen hoy para nosotros el mármol no es más que mármol pero en la antigua grecia, una piedra bien tallada era capaz de despertar instintos carnales y si no préguntesele a Praxiteles o la Venus Cnidia. Las escenas pompeyanas tampoco quedan atrás, y la publicidad de nuestros días tiene la sexualidad como principal reclamo ( ¿¿que no?? Venga, irós a ver un rato la tele o ojead una revista …, luego hablamos), y ya no hablare de la Marvel y compañía …
El despertar infantil esta más que tratado desde el punto de vista masculino. Permitaseme mentar como ejemplo “Amarcord” y la imagen felliniana de la mujer, entre objeto de culto y de deseo. Y ya lo se, los que me siguen saben que siempre me voy a los mismos ejemplos cinematográficos, lo que deja en evidencia de que no estáis ante una cinéfila de pura cepa ( y por cinéfila ha de entenderse aquella persona que no solo gusta del cine sino que se mueve entre las mareas de su historia cual sardina solitaria. Yo soy más sardina normal, de la que se mueve en masa). Si miramos al plano industrial ( Hollywoodiense) nos encontramos prácticamente ante lo mismo, si bien la forma visual de narración carece de la poesía que podemos encontrar en otro tipo de cine. El reclamo visual y sensoria para el publico masculino no necesita pues descripción.
¿Y que hay del punto de vista femenino? Tirando de estrenos recientes no me queda más que nombrar a la archiconocida Black Swan. La película, compendio exquisitito de musical y thriller psicológico tiene como uno de sus aspectos clave la búsqueda del placer por parte de la protagonista, hecho que en un sentido no literal se convierte en la búsqueda misma del Cisne negro, del lado salvaje y liberado de la bailarina. Solo conociéndose a si misma tanto física como psicológicamente la protagonista podrá acatar la tarea de representar a ambos cisnes. Su búsqueda es por tanto una búsqueda de si misma y de la emoción en un camino narrado de forma sencilla, elocuente, fotográficamente espectacular, musicalmente indescriptible y configurando una obra que roza la impecabilidad. Sin embargo esa exploración del despertar femenino no ha sido siempre tan dulce y correctamente tratado por el cine. Si bien confieso que debería haber visto más cine de autor para escribir de forma más científica las palabras de este post me atrevo a aventurar que el tema se trata bien centrándose en la rotura de normas, un lenguaje sin ningún tipo de tabú que puede dejar de ser atrayente a lo largo de la película, protagosnistas que salen al final malparadas...
Si seguimos por la línea del cine más comercial, remontándonos un poco en el tiempo nos encontramos con la vista y revista Dirty Dancing (olvidemos la espantosa catástrofe de la secuela “Dirty Dancing Havana nights”), menospreciada por chicos y peli de cabecera de muchas de nuestras madres, ese “despertar” de la infancia viene sensualemente retrado a través del inocente baile ( que como dice una conocida: es el único acto público permitido en pareja). Todos tendréis, supongo, la escena final en mente pero para comprender lo que digo hay rescatar la denominada “escena de los melones” y la escena “Hungry eyes”, compararlas y comprobar que la primera narra algo muy diferente a la segunda, la cual no deja de ser el resumen coreographiado del entrenamiento y aprendizaje de la protagonista. [y así es como el inocente Manbo de West seit Story se convierte en el dirty dancing de Patrick Swayze]. Un, dos, tres, maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanbo!!!!! Y continuemos más atrás, Belle du jour no sería hoy la misma de filmarse en nuestros días. ¿Me equivoco?
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