CAPITULO 19: Cavando su propia tumba.
Eran las siete de la mañana cuando Felix se despertó. Su habitación daba justo al jardín dorado y de allí provenían ruidos extraños. Era aún completamente de noche y la niebla no había comenzado ni siquiera a levantarse. Se puso una bata y salió al jardín en zapatillas.
- ¿Iridiana? – la mujer no parecía escuchar, cavaba y cavaba sumida en un extraño trance.
- ¿Iridiana? – repitió.
- La tierra está muy húmeda. En apenas unos meses no quedara nada de la caja ni de …
- De ti.
- De Inés.
- Deberías llevarle los bollos de canela a Mariom.
- ¿Ahora?
- Por ejemplo.
Felix lo entendió perfectamente. Iridiana quería intimidad.
- Dile que estoy bien.
Pero no era verdad, no estaba bien, no se puede estar bien cuando te envían tu propio cadáver, cuando tu misma cavas tu tumba, cuando sabes que nunca jamás podrás abrazar a los que quieres sin quitarles un poco de vida. No, no se puede estar bien, cuando no puedes llorar por todo eso, cuando tu corazón mismo no responde. Mármol de carrara tenía por corazón, esa era la única explicación.
- Vamos, corre.
- No ha amanecido.
- Creeme, no ha podido dormir.
Felix no la desobedeció y corrió en busca de Mariom. Ella era su sol, no podía ocutarlo, sus palabras eran luz, o como dirían otros, sus palabras eran puro valium. “viva el romanticismo”, pensó.
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